No Soy Godinez
Un grito desesperado desde la soledad de tu cubículo. La tardanza de 15 segundos en el checador. La hora inhabitada entre la entrada y el cafe. Otra visita a la oficina del licenciado... una batalla descarada contra la hora nalga.
17/12/08
Un reclamo colérico
Ya avanzada la mañana el sueño comienza a acecharme. Necesito tomar un café antes de que mi jefe me encuentre con la cabeza apoyada contra el teclado, babeando, disfrutando de una buena siesta matutina. Me levanto de mi lugar sigilosamente y voy por un café, un expreso doble cortado, para ser exactos. Bajo a alguno de los múltiples kioscos que ofrendan café dentro de la empresa para ordenar. Me lo entregan, y ahora debo de pagar: 15 pesos.
Después recuerdo que debo de ir al banco a arreglar unos asuntos. En estos días el tiempo vuela sin que uno se de cuenta. Comienza uno a hablar por Messenger y de pronto, ¡casí es hora de salir! Por suerte no hay necesidad de salir de aquí para llegar a una sucursal. Solamente es necesario bajar unos cuantos pisos y ¡voila! Todas mis necesidades financieras cubiertas.
Por fin dan las dos de la tarde, hora de comer. Tal cómo niño que sale a recreo, todos mis compañeritos corren hacia el rimbombante de ‘comedor institucional’, que de rimbombante tiene solo el nombre. Dónde para poder comer una comida corrida medianamente decente ¡también hay que pagar! Aquí la cuenta queda saldada por 30 pesos a pagarle a nuestra misma empresa.
Uno regresa de la hora de comer otra vez a su escritorio, a trabajar. Conforme pasan los minutos un rugido aterrador comienza a escucharse. No sé de donde proviene, al poner atención me doy cuenta que el sonido está cerca, muy cerca. Me doy cuenta que son mis propias tripas las cuales reclaman por alimento. Una pequeña excursión a la maquinita de botanas más cercana es lo que necesito. Unos churritos y una coca creo podrán saciar mi hambre de aquí a la hora de la cena. Otros 15 pesos más.
Si hacemos cuentas en un día uno se puede gastar 85 pesos dentro de una empresa. ¿Y todo ese dinero a dónde va? Lo más lógico es pensar que regresa a manos de los mismos empresarios que nos están empleando. ¡85 pesos por día! Lo cual da un gran total de 1,700 pesos al mes, que le regalamos a nuestros empleadores. Esto claro sin contar que algunos tienen el descaro de instalar tiendas de souvenirs, celulares, etc. dentro de la misma empresa de las cuales ellos también obtienen una ganancia, y todo a costa de ¿qué?
DE LOS EMPLEADOS
La pregunta más grande de todas es: ¿por qué nadie se queja? O lo que es lo mismo: ¿por qué seguimos consumiéndoles en lugar de exigir algún tipo de prestación? Todos nosotros dejamos entre 8 y 10 horas dentro de la misma empresa, algunos sin siquiera gozar de las prestaciones de ley, ¿y nadie levanta la voz?
Tal vez esta solo sea una voz más de un Godínez detrás de su escritorio, pero es un Godínez enfadado con la situación, un Godínez que se ha sentido atacado, insultado, descontento…
¿Qué a caso nadie recuerda la era antes de la revolución mexicana?
Los mismos peones ahí se rebelaron contra las tiendas de raya y casi 100 años después, ¿olvidamos la lección y volvemos a dejar que abusen de nosotros?
¿Para qué sirvió toda esa sangre derramada entonces?
2/12/08
24/11/08
Locura
En mi mente solamente se escucha el eco del vacío. Parece que las ideas se encuentran escondidas, atemorizadas de salir a la superficie. A un espacio presumiblemente peligroso dónde quedan expuestas a la crítica y donde nadie será capaz de defenderlas.
Mi corazón golpea fuertemente contra mi pecho, mi respiración se agita, el sudor frío recorre mi frente, sé que debo empezar a teclear. ¡Pero no puedo! Mis dedos descansan rígidos sobre el teclado, yacen inmóviles, pareciera que hubieran muerto en el intento.
Trato de distraerme con alguna página en Internet. Desafortunadamente, gran parte de ellas se encuentran bloqueadas por el servidor de la empresa. De todas formas mi mente sigue fija en la hoja blanca. No entiendo mucho de lo que leo, sigo pensando en aquél trabajo pendiente que no puedo comenzar. Una y otra vez mi mente regresa y busca un principio. Una frase inteligente y graciosa que sirva para comenzar. Una gran apertura pero nada se me ocurre. Nada.
Otra vez me enfrento a la hoja en blanco. Envuelta en un circulo vicioso que no tiene fin. Sólo ella y yo. Me siento lista para enfrentarla una vez más. Me armo de valor, respiro profundamente, trueno mis dedos frente al monitor como gesto desafiante y cuando voy a escribir… ¡nada!
Nada, nada, nada, nada, nada, lleno la página de nadas, pienso que tal vez, tener algún texto en ella me ayudará a engañarme, a no sentir la hoja blanca una vez más. Siento que se burla de mí, de mis tácticas.
Enfurezco, pero no hay nada más que pueda hacer. Ella sigue en blanco, esta triunfando. Quiero gritarle pero, ¿de qué serviría? Es sólo una hoja en blanco. Jajajaja. Sólo es eso una página más que tengo que escribir. Conozco el formato. Siempre ha sido el mismo formato. Sólo hay que cambiar unas cuantas palabras, pero eternamente permanece igual. Sólo eso necesito recordar. Abrir un documento viejo y rellenar lo necesario…
¡Ja! He evitado la confrontación, he ganado. Ya no esta en blanco, jajaja…. Gané, gané, gan….
20/11/08
La Coperacha
El Godínez es un ser avaro por naturaleza. O bueno, tal vez no sea tacaño, sino que su reducido salario le hace imposible participar con más entusiasmo en cada una de las 15 colectas semanales que hay en una oficina. Siempre existe algún voluntario, el cual va lugar por lugar con lista en mano verificando que cada uno done la cantidad solicitada para esta causa sin falta.
Pobre de aquel Godínez que no tenga cambio, o peor aún, que haya olvidado la cartera ese día, pues todos sus compañeros murmurarán a sus espaldas lo “marro” que es, cómo no quiso participar en el pastel de Susanita Godínez.
O peor aún, ¡se negó a participar para el teletón! Todos esos pobres empleados que no podrán cambiar el coche este año por su culpa… ah y claro… algunas cuantas terapias que se dejarán de dar en sus centros.
Así es que cada vez que Godínez se levanta al baño, los compañeros sentados cerca de él comienzan a murmurar. “Se dieron cuenta…”, “No quiso dar…”, “Si claro a él no le importa esta oficina…” “Seguro tampoco le da a su esposa para el súper”… JAJAJAJA (las burlas de los demás rugen).
Cuando los pasos del ausente comienzan a resonar por el pasillo todos se callan. Sólo un montón de dedos golpeando furiosamente los teclados le dan la bienvenida. El aire se siente pesado. Godínez sabe que algo esta mal pero no se atreve a preguntar. O tal vez ya lo sabe, pero por una vez ¡se cansó! Decidió dejar de ser manso y de obedecer a la manada. El precio: las miradas despectivas de los demás, un silencio sepulcral y el exilio temporal de la mesa comunal del comedor. Muy caro le salió.
Para mantener el buen ambiente en la oficina, todo Godínez debe hacer un sacrificio. En estas actividades colectivas, más le vale estar alerta y con la cartera presta a donar para sea lo que sea que le pidan. Si tiene suerte y no existe una tarifa fija de cooperación, es obligación de todo oficinistas poner atención de lo que donan los compañeros, no puede donar mucho menos, pues esto lo haría ver como un “codo”; pero tampoco debe humillar a los demás con su generosa cooperación.
De aquí se desprende una de las máximas de vida de los Godínez: “UNO DEBE PASAR DESAPERCIBIDO”. Así es, cualquier Godínez, para ser feliz en esta vida debe intentar ser promedio entre sus compañeros. Ni trabajar más, ni menos; ni más rápido, ni más lento; solo a la par. De todas formas será sometido a las mismas reglas y órdenes y cualquier intento por destacar será sometido primero por sus compañeros y en segundo lugar por su jefe.
Cualquier Godínez con iniciativa, es un Godínez peligroso. Puede ser la referencia para señalar la incompetencia ajena. Para ser un Godínez feliz hay que aprender nadar en el mar de la mediocridad… y a veces permitir ahogarse.
19/11/08
Temas de horario
Cuando un Godínez se ve en la obligación de pasar entre 8 y 12 horas en una oficina, si tener realmente algo que hacer tiene que buscar en que ocuparse. No importa si esta navegando en la red, en el Messenger, hablando por teléfono o distrayendo a sus compañeros (los cuales pueden o no tener trabajo que hacer). El punto es permanecer en su lugar, haciendo como que trabaja para que el patrón este satisfecho lo mucho que trabajan sus empleados. Y pues como hay que hacer que la chamba alcance para todo el mes… pues hacen muy poco, día por día, con un avance apenas perceptible, para que se vea cuánto trabajo les cuesta.
Pero en el hábitat natural del Godínez existe otro tipo de seres extraños. Seres que por azares del destino han caído en este ambiente y se sienten atemorizados de contagiarse, de lo que les parece, la terrible enfermedad de la oficina. Estos seres sí trabajan, mucho y muy rápido. Están acostumbrados a sacar los pendientes cuanto antes, a si trabajar y ponen en evidencia la actitud típica del Godínez. Su rapidez los sorprende, es una eficiencia nunca antes vista. Por consiguiente muchos de ellos pasan gran cantidad del tiempo desocupados (al igual que los primero) sólo que ellos por haber terminado, no por no querer terminar.
Cuando esto sucede, y las listas para elaborar han sido palomeadas el anti-Godínez comienza a desesperarse. Golpea con las uñas constantemente en el escritorio. Va por un café, ahora por un vaso de agua, otro café, ahora al baño. Siguen desocupados…. Piden más trabajo. Su jefe no entiende… es la única persona que termina tooooodaaaas las tareas asignadas antes de tiempo. No tiene nada más que ponerle a hacer, así que se dedica a observarlo.
Ya sabe que el anti-Godínez esta desocupado. ¿En qué ocupará su tiempo libre? Si se la pasa en Messenger es un mal ejemplo para sus compañeros. Si esta en Word, seguramente esta trabajando para alguien más, lo cual es intolerable. Si va a la cafetería, pasa demasiado tiempo en la cafetería. Si quiere salir, NO DEBE DE SALIR.
En lugar de premiar la eficiencia del anti-Godínez el jefe considera que es una amenaza. El tenerlo desocupado, ¡o peor! Aprovechando su tiempo en otras cosas es inconcebible. Y si quiere salir ¡PECADO! Si todos los Godínez (todos aquellos que tienen filas y filas de pendientes) quieren salir, como se lo van a permitir a EL.
El pobre anti-Godínez regresa con la cabeza gacha a su escritorio. No puede comprender que sucede. Si el mismo Aristóteles hablaba que la justicia era dar el justo medio a cada uno. Siendo esta una justicia relativa, de acuerdo a capacidades, habilidades y personalidades.
Y entonces…
¿Por qué tratar a todos igual? ¿Por qué obligar a ceñirse a un horario a todo aquel que nada tiene que hacer en la oficina? ¿Por qué no trabajar por objetivos? ¿Por qué no recompensar a quienes cumplen? ¿Por qué coartar el espíritu activo de los anti-Godínez en pro de la pasividad oficinesca? ¿Por qué?.....
18/11/08
El tránsito
El Godínez, aún cuando nace en libertad es un ser cortado con un molde de galletas, específicamente diseñado para hacer todo tipo de actividades con un riguroso horario. Sin el horario el Godínez se siente perdido, desubicado, sus ojos se llenan de terror y comienzan a buscar en la oscuridad de la libertad algún destello de rutina. Una vez en cautiverio, es fácil condicionar al Godínez a responder a diferentes alarmas. La primera, temprano en la mañana para despertar. Mecánicamente los Godínez se levantan de la cama y dirigen sus pasos a la regadera. Una vez acicalados, y semi-conscientes los Godínez toman sus coches y se dirigen al trabajo.
He aquí donde la observación de esta nota comienza. Gran parte de los Godínez no sólo responden a un horario, responden al mismo itinerario. Miles de Godínez salen de su casa al mismo tiempo, cada uno en un coche (a pesar de cumplir un horario es muy raro que los Godínez compartan rutas y/o transportes) por las mismas calles de la misma ciudad para dirigirse a uno de los escasos centros Godínez de su población. Conforme el transporte comienza a confluir a las mismas avenidas toda velocidad comienza a desaparecer, hasta pronto encontrarse en un estacionamiento masivo.
El Godínez, nervioso al verse imposibilitado para cumplir su riguroso horario, comienza a adquirir actitudes extrañas, ajenas a su comportamiento habitual. Su respiración comienza a agitarse. Se acomodan compulsivamente en el asiento de su automóvil. Soplan y resoplan ruidosamente. Nada de esto logra calmar sus nervios así que empiezan a tocar el “claxon” largamente. No piensan callarse hasta avanzar…
Hay quienes para distraerse un poco de esta penosa situación leen el publimetro, gran invento pensado en la hora de entrada al trabajo de los Godínez, donde si uno tolera la publicidad puede estar informado con algún dato curioso para la hora del café.
Otros para pasar el rato recuren al pasatiempo más antiguo conocido por el Godínez: sacarse los mocos en el coche. Si uno voltea a ver al coche del lado izquierdo, las estadísticas indican que tiene el 50% de probabilidades de encontrar a un congénere enfrascado en dicha actividad.
También existe quien baila detrás del volante como si no existiese un mañana. Al parecer estos sujetos y los del grupo interior se sienten seguros en su coche, protegidos por un caparón el cual los hace invisibles y los aleja del resto de la sociedad... Y son ellos los que merecen el amable recordatorio de que ¡los coches tiene ventanas!
No falta quien se pone a “ligar” de coche a coche. Cuando uno posee la suerte de que la persona en el carro de al lado es del sexo opuesto, pocos son los oficinistas que se resisten a la tentación de guiñar un ojo, o mandar un beso, sólo para ver la reacción del vecino. Si se tiene todavía más suerte esa persona devolverá la atención comenzando así lo que pudiera ser el principio de un romance de cinco minutos, memorable (y más duradero que muchas relaciones conocidas).
Una vez reemprendido el camino, el Godínez comienza a preparar la historia del por qué llego tarde. Esto no sólo le aliviará parte del regaño con el jefe, sino que le dará una gran historia que contar al resto de los Godínez mientras se toman un café. Los escuchas, callados le envidiarán, por ellos no tener una gran aventura que contar…
23/10/08
Servicio Atenea
Cuando me subí comenzaron las sorpresas. Lo primero que llamó mi atención es cómo todas las pasajeras iban cómodamente sentadas. Al frente se anunciaba la capacidad máxima 62 personas paradas 28 personas sentadas, pero el autobús estaba aún muy lejos de llenarse. Pagué mi boleto y caminé al fondo.
No podía creer lo que mis ojos veían. A mi derecha una mujer estudiaba francés. Unos cuantos lugares más adelante otra jugaba con su bebé. Parecía que al entrar en el transporte hubiese llegado a una dimensión paralela, dónde el transporte público era eficiente, suficiente y los amortiguadores existían.
Aún incrédula, me senté con la mirada fija hacia delante. Poco a poco comencé a explorar este terreno desconocido. Me sorprendió cómo el retrovisor estaba adornado de coloridas flores. La música que nos envolvía eran canciones de Luis Miguel (aunque no de mi gusto, parecía que el resto de las pasajeras lo disfrutaban). Todo el ambiente parecía estar pensado para las mujeres, tal vez hasta por mujeres (¿?).
Cada parada habían hombres que deseaban entrar a este santuario femenino, los cuales eran alejados por nuestro fiel cancerbero, el chofer del autobús. Todavía molestos, por no poder perturbar esta aura de tranquilidad escuchábamos gritos de coraje “¿Y los jotos si?” “Gallinas, acá esta su gallo”… y otras tantas finuras…
Pero cuando las puertas se cerraban, regresábamos a nuestra burbuja rosada. El viaje fue largo, pero sin mayores incidentes. Cuando finalmente llegué a mi destino, solicité la parada. Prontamente el camión se detuvo. Las puertas se abrieron y el conductor se despidió de mi “Que tenga un buen día”…
Desafortunadamente cuando llegué otra vez a la tierra casi fui atropellada… había olvidado que la realidad es más hostil, cuando estamos lejos de Atenea.
17/10/08
Las nubes pasan
No quiero estar aquí. Mi mente ansía estar vagando en la calle, el sol pegando en mi cara, sentir el viento, escuchar otras voces. Las voces que ahora escucho se sienten huecas, lejanas. Parece que no tienen nada que decirme. Hablan de banalidades que han dejado de importar hace mucho tiempo.
¿En qué momento el sueño se tornó en pesadilla?
Parece que estoy viviendo aquello que anhelaba, pero desperté encerrada entre cuatro paredes, frente a una ventana.
Si hubiese podido echar un vistazo a mi futuro, en un pasado hubiese salido corriendo de aquí cómo de un incendio.
Mi alma es vagabunda, pero mi trasero se encuentra amarrado, aplastándose sobre una dura silla ergonómica (que más que anatómica es incómoda).
Todo por culpa del cochino dinero.
Creo que una de las principales cualidades de los Godínez es que están atados al trabajo por culpa del dinero. Siempre esa maldita necesidad capitalista de ganar dinero para irlo a gastarlo en necesidades creadas… Y aquí estamos todos jugando el juego, ganar para gastar, para necesitar más dinero e irnos a meter a la oficina una vez mas… ¿Cuándo acabará el ciclo?
Vemos que la economía se cae ante nuestras narices y seguimos todos aquí, como interfases de nuestra computadora. Aún así me gustaría ser lo suficientemente fuerte para romper la cadena y salir corriendo a la calle, al sol, a la vida… en lugar de esperar a tener el suficiente dinero para vivirla.
22/9/08
la presa
Ser la niña nueva en una oficina no es fácil. Y más si la oficina se parece algo a la oficina donde hoy habito. Esta llena de hombres y mientras la testosterona inunda el ambiente, no puedo evitar sentirme tan segura como una gacela en la jaula de los leones. No es que sea yo la más guapa, sino más bien es la novedad lo que aumenta mi atractivo.
Los Godínez siempre están buscando iniciar algún nuevo romance en la oficina. Algo que le quite a lo aburrido a los recorridos del cubículo a la impresora, o por otra taza de café. El oficinista en su ambiente natural es como un cazador que afina la puntería entre los monitores disponiéndose a lanzar la mordida cuando la presa se distrae.
Es difícil ignorar las miradas hambrientas de los predadores. Risitas en el fondo del pasillo por el cual uno pasa, cuchicheos a las espaldas. Es imposible esconderse de los ataques. A pesar de una chamarra digna del hombre michelin, y de esconderme tras las columnas cuando me encuentro la necesidad de caminar, nunca falta quien te alcance y diga en la voz más seductora de la que son capaces, “holaaaaa…”
12/8/08
la frontera
Mantenerme en la frontera que divide al Godínez del no Godínez ha sido difícil. Para uno no contar como Godínez tiene que mantener trabajos interesantes que lo mantengan lejos a uno del ambiente oficinista y las cosas que eso implica… peeero cuando uno no tiene el suficiente dinero ahorrado o el suficiente trabajo de freelance tiene dos opciones: o entrar a algún bar o cafetería o cuadrarse con las malévolas fuerzas oficinistas.
Esta opción enfrenta a todos los rebeldes de corazón frente a su temor más grande: grandes corporativos, horas de llegada, telas sintéticas, gafetes colgantes y el peor monstruo conocido por el hombres: el Jefe...
Mantenerse en la línea no ha sido fácil. Estas aversiones son menos conocidas de lo que uno pensaría. la gente aplaude el sometimiento a las reglas y teme una vida diferente.
Yo opté por la oficina… No se espanten, esta vez la pobre Godínez no fue engañada por ser taaaan absolutamente ingenua como la vez pasada. Sabía a lo que me sometía: largas horas frente a un monitor, pero con un maquiavélico plan bajo el brazo: obtener el mayor numero de publicaciones posibles y financiar su escuela. Y solamente quedarse un teimpo limitado. Ademas no me siento tan Godínez porque puedo venir a trabajar en jeans y tenis. (jajaja) Pero mientras ustedes podrán disfrutar de mis nuevas aventuras en Godinezlandia.
Asi que heme aca, frente a una ventana, contemplando un día soleado y limpio y yo arañando las paredes por no poder salir . ero todo pasará antes de que me de cuenta… espero…
11/8/08
godinez ataca de nuevo
Pues si… por más que creí haber rebasado por la derecha a la vida oficinista heme aquí sentada tras un escritorio en un enorme corporativo. Bueno, las cosas parecen haber mejorado para esta Godínez tras el teclado en la nueva oficina el horario es flexible, puedo venir en jeans y tenis y mi trabajo será más dinámico y creativo, ahora hasta uso Mac.
A una semana de haber empezado, todavía no estoy segura de mis palabras, pero espero que mis expectativas se cumplan. Me encuentro flotando en medio del rato muerto que hay entre la labor cumplida y el nuevo proyecto. Miro a la ventana y respiro…
El aire escasea, todo huele a testosterona y aceite para motor. No es casualidad, estoy en una editorial de hombres y para hombres: todo lo referente a coches, motos y deportes se concentra aquí. No me atrevo a aventurarme lejos de mi silla por miedo a que sea contagioso y termine yo admirando a cuanto mango petacón pasé a mi lado como cualquier otro mecánico.
Nota al pie:
El comedor institucional es una bendición y la muerte al mismo tiempo. Si a uno no le importa la grasa, la comida echa al aventon y un menú repetitivo es una gran opción para la comida barata. Para todos nosotros ingenuos que esperamos comida superior a los controles de la Secretería de Salubridad es una pequeña decepción.
26/11/07
El Altar de Muertos o Como Rejuvenecer en la Oficina
¿Que decirles? El mes de noviembre ha sido un mes muy accidentado en esta típica oficina godìnez desde la que les escribo. Aunque creo que uno de los eventos principales y por el cual empezaré a compensar mi larga ausencia fue el CONCURSO DE ALTARES DE MUERTOS.
Quiero aclarar que pienso que el altar de muertos es una bonita tradición mexicana, a mi me encanta su colorido y significado y no tengo nada en contra de ellos. Pero los encargados de recursos humanos de esta institución tuvieron a bien transformar esta tradición ¡¡¡¡en un concurso!!!! He ahí donde comienza la tortura.
La palabra COMPETENCIA despertó las ansias de opacar al área vecina en gran parte de los trabajadores de esta oficina. En sus ojos se veía el brillo de la superioridad y en ansia de humillar al resto. Afirmo esto, no por exagerada, sino porque al ver el entusiasmo por el concurso se me ocurrió preguntar cuál era el premio recibí como una respuesta un:
- “¡Puus ganar!” – pronunciado en el mismo tono en que hablan los niños de preescolar cuando dan una respuesta considerada muy obvia.
Ya desde aquí sabía yo que las cosas no iban a ir bien.
Acto seguido se empezaron a repartir papelitos con lo que cada quien debía traer para armar el altar. Otra reminiscencia más de preescolar…
Todo se encontraba en la lista, desde papel picado hasta mole (del de a de veras, no crean). Teníamos fecha de entrega para dejar todo perfecto antes que llegaran los jueces. Un día antes, del paso de los jueces, faltando dos horas para la salida, recibimos una visita inesperada: los del octavo piso habían venido a ver nuestro altar. Bueno, no sólo eso, sino que querían ¡COPIARNOS!
Inmediatamente se convocó a reunión de emergencia para ver cómo podíamos evitar esta tragedia.
Uno de los compañeritos, muy voluntarioso, pegó letreros que decían :”Prohibido tomar fotos” y “Respete la Propiedad Intelectual” en las inmediaciones de nuestro altar.
(Miss, Miss, ¡¡¡Enriquito me esta copiando!!!)
¡Pero eso no era suficiente!
Había que hacer algo para prevenir los daños ocasionados por los mirones. ¿Qué podemos hacer?
Pues la solución fue traer copal para prenderlo, música para ambientar el lugar y dar hojitas explicatorias de los elementos de un altar de muertos.
Cuando llegaron los jueces y prendimos el copal los detectores de incendios se activaron, solo resta decir que la exposición fue aún más interactiva de lo que se había planeado. (Por si alguien tiene curiosidad, quedamos en segundo lugar).
25/10/07
talego pon pon... bueno su cancion
Intento cambiar de verdad, intento escapar de no progresar quiero por fin rendirme, retirarme de toda esta mediocridad. Sumergido en esta desgana, camino morao por la calle esperando que salga, que aparezcaun golpe de suerte que cambie mi vida, que cambie mi alma, tan sucia de todo de todo lo que me rodea, tan llena de muerte tan llena de muerte de muchos colegas, tan llena de muerte de muchos colegas. Y es que te hartas, revientas y al mundo le pegas patadas y es que te cansas de todo, y terminas no creyendo en nada. Después de tanta miseria, como quieres que siga creyendo que existe tu Dios. ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera! Pero sigo creyendo en tu iglesia, en tu iglesia con propio país, presidente y bandera, y con joyas, oro y dinero que muchos que mueren de hambre quisieran nunca podréis multiplicar esos peces. Pero sí agrandar las riquezas en cuentas corrientes, no lo entiendo, que vendan un poco de arte y le den de comer a esa gente. Que vendan un poco de arte y le den de comer a esa gente, que vendan un poco de arte y le den de comer a esa gente. Y es que te hartas, revientas y al mundo le pegas patadas y es que te cansas de todo, y terminas no creyendo en nada. Después de tanta miseria, como esperas que siga creyendo que existe tu Dios. No existe tu Dios de madera ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera! ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera! ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera! ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera! Mierda de educación que te enseña a vivir como tú no deseas, mierda de vida que nunca te da elección y te ciega. ¡A chuparla la boca! Que suelta palabras que son mentiras, ¡a chuparla la boca cabrones a chuparla la vida! Prósperas familias que viven de locura mentes más despiertas que buscan en la basura, blasfeman y se cagan, en el Dios que todos adoran al margen de la sociedad esperan que llegue su hora. Y si nunca has tenido prejuicios,ni nada que agradecer vives tranquilo forzado en la calle. ¿A alguien tienes que obedecer? ¡Al instinto, al estómago, al sentido de desconfiar! Pero nunca a políticos ni a dioses creados por la humanidad, ¡no!. Pues claro que no, no creo en tu Dios de madera. Pues claro que no, no creo en tu Dios de madera. Pues claro que no, no creo en tu Dios de madera. Pues claro que no, no creo en tu Dios de madera. ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera! ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera! ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera! ¡Pues claro que no, no existe tu Dios de madera!
22/10/07
la protesta
Al menos mi descaro para navegar pretende poner en evidencia que la cantidad de Trabajo es insuficiente… por otro lado, yo nunca he oído quejas de la gente que trae su laptop y se pone a jugar solitario en pantalla, a vista de todos. O aquellos que tardan dos horas para ir al baño, porque tienen que ir a visitar cada piso del instituto para ver quien lo puede acompañar… o al menos si hay algún buen chisme el cual esparcir en el resto de su búsqueda de un compañero(a) según sea el caso.
Siento que es una actitud al menos más honesta. Hay veces que me siento tentada a armar un campamento de protesta con pancartas y panfletos en mi cubículo. Desde ahí buscaría llamar la atención acerca de la dictadura del uso de la computadora en las horas muertas. Me gustaría llamar a los medios de comunicación y decirles: no me dan nada que hacer, pero me encuentro secuestrada 7 horas al día, frente a una computadora, sin sol, con aires acondicionados a temperaturas infrahumanas, sin siquiera poder ir a la tiendita de la esquina! Y de esta manera poner en evidencia los abusos que aquí suceden.
Y mientras tanto me tienen aquí distrayéndome como puedo, pendiente de unos pasos de pies pequeños acercándose para no ser atrapada. Sé que no es justo el “hacer como que trabajo”, sé que podría hacer una protesta más fuerte y ruidosa para que las cosas cambiaran, y también sé que este es uno de los rasgos más distintivos de un Godínez, pero en serio ya no se que más puedo hacer:Ya ordene dos veces los expedientes a mi cargoTengo un estudio mundial que he estado trabajando ya casi completo, la información faltante necesito que sea enviada por correo.Estoy estudiando un curso de la Organización MundialNo debo ningún turno que se me ha encomendado Y además Me da tiempo para leer 5 periódicos al díaEstar en MessengerAtender el facebookContestar e-mailsBuscar concursos de fotografíaRevisar bolsas de trabajoEchar el café y el cigarro… La verdad preferiría, definitivamente, tener más trabajo y no tener que romperme la cabeza buscando en que entretenerme 7hrs al día. Lo cual me parece francamente agotante y muy poco provechoso. Si me preguntaran que espero del trabajo yo contestaría, más responsabilidades y más trabajo, no más tiempo para encontrar nuevas formas de conectarme a Messenger sin ser detectada por el servidor Proxy, pero por lo visto, esperar tener más trabajo aquí es más difícil que conseguir un autógrafo de John Lennon.
18/10/07
Alergia al Trabajo
No estoy inventando, ¡la alergia al trabajo SI existe! Si no me creen los invito a consultar el siguiente link.
http://health.howstuffworks.com/how-allergies-work9.htm
Hace tiempo que leí este apartado, y mi mente ha estado madurando desde entonces la idea… alergia al trabajo…
Creo que todos hemos escuchado hablar del concepto, es más probablemente nosotros mismos hemos hecho la broma alguna vez:
“ya voy a dejar de trabajar, es que soy alérgica al trabajo”
Que beneficios podría tener…
Imagínense, por ejemplo, lo divertido que sería que cada vez se acercara el jefe a encargarnos algo, la alergia impidiera que lo hiciera:
- Lic. Go
- Achu!
- Lic. Godinez
- Achu! Que pa - Achu! So Lic?
- Necesito que
- Achu!
- Necesito que redacte
- Achu!
- Qué, se siente mal?
- Achu! Creo que ya me volví a contagiar de Achu! Esa gripa que circula por Achu! El instituto lic Achu!
- No quiero que me contagie, váyase inmediatamente a su casa
Eso si una vez afuera nos encontramos en perfecta salud y listos para disfrutar nuestra recobrada libertad
O tal vez podría conseguir que me dieran el trabajo para hacer en casa… y no tendría que estar encerrada lejos de la luz del sol… total, en esta oficina hay tanto trabajo, que no tendría que sentarme frente de la computadora salvo para checar mi e-mail…
Yo considero que en mi caso particular esto es cierto. Desde que empecé a trabajar aquí la lista de mis males se han acumulado, la mayor parte de ellos gracias al aire acondicionado (siempre el aire acondicionado!!!), desafortunadamente nada así de incapacitante…