Hoy no pude dormir.
Me sentía sola, pequeña, perdida en la inmensidad de mis sábanas.
Hoy no pude dormir.
Tenía frío, me roía desde los huesos, traspasando el músculo y llegando a la piel.
Hoy no pude dormir.
Te extrañaba. Extendía mi brazo para buscarte, pero solo encontraba mi almohada engañándome.
En medio de mi insomnio extrañaba tu abrazo, cálido y reconfortante.
Echaba en falta tu respiración y el ligero palpitar de tu corazón que me arrullaba.
En las tinieblas me vi besándote la espalda, ligeramente, casi imperceptible, pues no quería despertarte.
Recorrí con la vista, una y otra vez, tu tatuaje que conozco tan bien e intente abrazarte, pero te disolviste en humo y volví a quedar sola.
Me hizo falta tu calor, tu piel para cubrirme y derretir esta nieve que cae sobre mí.
Hoy soñé contigo.
Dulce engaño que me permite despertar sonriente.
Hoy soñé contigo Y conmigo, y los dos construíamos mundos lejanos e imposibles.
Hoy soñé contigo.
Y cuando desperté estaba sola de nuevo.
Un grito desesperado desde la soledad de tu cubículo. La tardanza de 15 segundos en el checador. La hora inhabitada entre la entrada y el cafe. Otra visita a la oficina del licenciado... una batalla descarada contra la hora nalga.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario