Me llama mi jefe a su oficina. Alzo la mirada al cielo, harta de tener que ir hacia allá por cualquier pequeñez. Respiro profundamente
–RESIGNACION- me susurro
Empieza a hablar de lo necesario que es escribir otro oficio “totalmente diferente” para reemplazar un también con un asimismo
Mis ojos lo examinan. La incredulidad me invade. No puede ser cierto lo que escucho. Mi mirada vaga hasta que, inesperadamente, la encuentro.
Una gran mancha en la corbata. Sus bordes grisáceos me indican que reside en ella desde hace varios días.
Tengo que morderme la lengua para suprimir una risita que casi escapa de mis labios.
La voz del Licenciado comienza a diluirse con la de mis propios pensamientos
¿Ya la habrá visto?
Si la vio ¿Le habrá importado?
¿Sabe que yo se?
¿Qué no lava sus corbatas?
¿Por qué nadie le ha dicho nada?
…
Mientras me sumergía en estas interrogantes empecé a sentir como la mancha crecía y crecía. Cada vez era más notoria para mi.
Parecía que poco a poco se iba apoderando del resto de la corbata, la camisa...
Arrastraba a mis ojos hacia su centro, succionando mi mirada...
Empecé a sentir vertigo, la suciedad me atraía...
Perdí todo contacto con la realidad por un instante
hasta que escuché un murmuro lejano que me trajo de golpe de nuevo a la realidad:
"Licenciada, me lo entrega mañana. ¿Esta bien?"
Por un momento me senti sobresaltada, y luego recorde donde estaba
"Si, claaaaro... ... ... ... para mañana..."
Un grito desesperado desde la soledad de tu cubículo. La tardanza de 15 segundos en el checador. La hora inhabitada entre la entrada y el cafe. Otra visita a la oficina del licenciado... una batalla descarada contra la hora nalga.
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