Se que he tenido muy abandonado el blog, ya varios lectores asiduos me han reclamado, pero no se preocupen ya estoy de regreso y muy feliz de escribir.
¿Que decirles? El mes de noviembre ha sido un mes muy accidentado en esta típica oficina godìnez desde la que les escribo. Aunque creo que uno de los eventos principales y por el cual empezaré a compensar mi larga ausencia fue el CONCURSO DE ALTARES DE MUERTOS.
Quiero aclarar que pienso que el altar de muertos es una bonita tradición mexicana, a mi me encanta su colorido y significado y no tengo nada en contra de ellos. Pero los encargados de recursos humanos de esta institución tuvieron a bien transformar esta tradición ¡¡¡¡en un concurso!!!! He ahí donde comienza la tortura.
La palabra COMPETENCIA despertó las ansias de opacar al área vecina en gran parte de los trabajadores de esta oficina. En sus ojos se veía el brillo de la superioridad y en ansia de humillar al resto. Afirmo esto, no por exagerada, sino porque al ver el entusiasmo por el concurso se me ocurrió preguntar cuál era el premio recibí como una respuesta un:
- “¡Puus ganar!” – pronunciado en el mismo tono en que hablan los niños de preescolar cuando dan una respuesta considerada muy obvia.
Ya desde aquí sabía yo que las cosas no iban a ir bien.
Acto seguido se empezaron a repartir papelitos con lo que cada quien debía traer para armar el altar. Otra reminiscencia más de preescolar…
Todo se encontraba en la lista, desde papel picado hasta mole (del de a de veras, no crean). Teníamos fecha de entrega para dejar todo perfecto antes que llegaran los jueces. Un día antes, del paso de los jueces, faltando dos horas para la salida, recibimos una visita inesperada: los del octavo piso habían venido a ver nuestro altar. Bueno, no sólo eso, sino que querían ¡COPIARNOS!
Inmediatamente se convocó a reunión de emergencia para ver cómo podíamos evitar esta tragedia.
Uno de los compañeritos, muy voluntarioso, pegó letreros que decían :”Prohibido tomar fotos” y “Respete la Propiedad Intelectual” en las inmediaciones de nuestro altar.
(Miss, Miss, ¡¡¡Enriquito me esta copiando!!!)
¡Pero eso no era suficiente!
Había que hacer algo para prevenir los daños ocasionados por los mirones. ¿Qué podemos hacer?
Pues la solución fue traer copal para prenderlo, música para ambientar el lugar y dar hojitas explicatorias de los elementos de un altar de muertos.
Cuando llegaron los jueces y prendimos el copal los detectores de incendios se activaron, solo resta decir que la exposición fue aún más interactiva de lo que se había planeado. (Por si alguien tiene curiosidad, quedamos en segundo lugar).
Un grito desesperado desde la soledad de tu cubículo. La tardanza de 15 segundos en el checador. La hora inhabitada entre la entrada y el cafe. Otra visita a la oficina del licenciado... una batalla descarada contra la hora nalga.
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1 comentario:
A todos los lectores, hice un comentario detallado de este asunto en este lugar.
Ojalá le pueden echar un vistaso.
¡Saludos!
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