Un grito desesperado desde la soledad de tu cubículo. La tardanza de 15 segundos en el checador. La hora inhabitada entre la entrada y el cafe. Otra visita a la oficina del licenciado... una batalla descarada contra la hora nalga.

20/11/08

La Coperacha

Típico, hay algún evento en la oficina: no importa si el pastel de cumpleaños de Godínez, la colecta de la cruz roja, un compañero que rifa un iPod, siempre hay algo que obliga a todos los Godínez de la oficina a unir fuerzas y juntar dinero.

El Godínez es un ser avaro por naturaleza. O bueno, tal vez no sea tacaño, sino que su reducido salario le hace imposible participar con más entusiasmo en cada una de las 15 colectas semanales que hay en una oficina. Siempre existe algún voluntario, el cual va lugar por lugar con lista en mano verificando que cada uno done la cantidad solicitada para esta causa sin falta.

Pobre de aquel Godínez que no tenga cambio, o peor aún, que haya olvidado la cartera ese día, pues todos sus compañeros murmurarán a sus espaldas lo “marro” que es, cómo no quiso participar en el pastel de Susanita Godínez.

O peor aún, ¡se negó a participar para el teletón! Todos esos pobres empleados que no podrán cambiar el coche este año por su culpa… ah y claro… algunas cuantas terapias que se dejarán de dar en sus centros.

Así es que cada vez que Godínez se levanta al baño, los compañeros sentados cerca de él comienzan a murmurar. “Se dieron cuenta…”, “No quiso dar…”, “Si claro a él no le importa esta oficina…” “Seguro tampoco le da a su esposa para el súper”… JAJAJAJA (las burlas de los demás rugen).

Cuando los pasos del ausente comienzan a resonar por el pasillo todos se callan. Sólo un montón de dedos golpeando furiosamente los teclados le dan la bienvenida. El aire se siente pesado. Godínez sabe que algo esta mal pero no se atreve a preguntar. O tal vez ya lo sabe, pero por una vez ¡se cansó! Decidió dejar de ser manso y de obedecer a la manada. El precio: las miradas despectivas de los demás, un silencio sepulcral y el exilio temporal de la mesa comunal del comedor. Muy caro le salió.

Para mantener el buen ambiente en la oficina, todo Godínez debe hacer un sacrificio. En estas actividades colectivas, más le vale estar alerta y con la cartera presta a donar para sea lo que sea que le pidan. Si tiene suerte y no existe una tarifa fija de cooperación, es obligación de todo oficinistas poner atención de lo que donan los compañeros, no puede donar mucho menos, pues esto lo haría ver como un “codo”; pero tampoco debe humillar a los demás con su generosa cooperación.

De aquí se desprende una de las máximas de vida de los Godínez: “UNO DEBE PASAR DESAPERCIBIDO”. Así es, cualquier Godínez, para ser feliz en esta vida debe intentar ser promedio entre sus compañeros. Ni trabajar más, ni menos; ni más rápido, ni más lento; solo a la par. De todas formas será sometido a las mismas reglas y órdenes y cualquier intento por destacar será sometido primero por sus compañeros y en segundo lugar por su jefe.

Cualquier Godínez con iniciativa, es un Godínez peligroso. Puede ser la referencia para señalar la incompetencia ajena. Para ser un Godínez feliz hay que aprender nadar en el mar de la mediocridad… y a veces permitir ahogarse.

1 comentario:

Zarco dijo...

ME HICISTE REIR BASTANTE, NO DEJES DE ESCRIBIR