Un grito desesperado desde la soledad de tu cubículo. La tardanza de 15 segundos en el checador. La hora inhabitada entre la entrada y el cafe. Otra visita a la oficina del licenciado... una batalla descarada contra la hora nalga.

19/11/08

Temas de horario

Una de las tantas cosas que no comprendo del mundo laboral es porque las oficinas rigen a las personas a base de horarios y no de objetivos. Se ha comprobado que para un jefe la hora más cara es la famosa hora nalga, una de las actividades favoritas de los Godínez.

Cuando un Godínez se ve en la obligación de pasar entre 8 y 12 horas en una oficina, si tener realmente algo que hacer tiene que buscar en que ocuparse. No importa si esta navegando en la red, en el Messenger, hablando por teléfono o distrayendo a sus compañeros (los cuales pueden o no tener trabajo que hacer). El punto es permanecer en su lugar, haciendo como que trabaja para que el patrón este satisfecho lo mucho que trabajan sus empleados. Y pues como hay que hacer que la chamba alcance para todo el mes… pues hacen muy poco, día por día, con un avance apenas perceptible, para que se vea cuánto trabajo les cuesta.

Pero en el hábitat natural del Godínez existe otro tipo de seres extraños. Seres que por azares del destino han caído en este ambiente y se sienten atemorizados de contagiarse, de lo que les parece, la terrible enfermedad de la oficina. Estos seres sí trabajan, mucho y muy rápido. Están acostumbrados a sacar los pendientes cuanto antes, a si trabajar y ponen en evidencia la actitud típica del Godínez. Su rapidez los sorprende, es una eficiencia nunca antes vista. Por consiguiente muchos de ellos pasan gran cantidad del tiempo desocupados (al igual que los primero) sólo que ellos por haber terminado, no por no querer terminar.

Cuando esto sucede, y las listas para elaborar han sido palomeadas el anti-Godínez comienza a desesperarse. Golpea con las uñas constantemente en el escritorio. Va por un café, ahora por un vaso de agua, otro café, ahora al baño. Siguen desocupados…. Piden más trabajo. Su jefe no entiende… es la única persona que termina tooooodaaaas las tareas asignadas antes de tiempo. No tiene nada más que ponerle a hacer, así que se dedica a observarlo.

Ya sabe que el anti-Godínez esta desocupado. ¿En qué ocupará su tiempo libre? Si se la pasa en Messenger es un mal ejemplo para sus compañeros. Si esta en Word, seguramente esta trabajando para alguien más, lo cual es intolerable. Si va a la cafetería, pasa demasiado tiempo en la cafetería. Si quiere salir, NO DEBE DE SALIR.

En lugar de premiar la eficiencia del anti-Godínez el jefe considera que es una amenaza. El tenerlo desocupado, ¡o peor! Aprovechando su tiempo en otras cosas es inconcebible. Y si quiere salir ¡PECADO! Si todos los Godínez (todos aquellos que tienen filas y filas de pendientes) quieren salir, como se lo van a permitir a EL.

El pobre anti-Godínez regresa con la cabeza gacha a su escritorio. No puede comprender que sucede. Si el mismo Aristóteles hablaba que la justicia era dar el justo medio a cada uno. Siendo esta una justicia relativa, de acuerdo a capacidades, habilidades y personalidades.

Y entonces…
¿Por qué tratar a todos igual? ¿Por qué obligar a ceñirse a un horario a todo aquel que nada tiene que hacer en la oficina? ¿Por qué no trabajar por objetivos? ¿Por qué no recompensar a quienes cumplen? ¿Por qué coartar el espíritu activo de los anti-Godínez en pro de la pasividad oficinesca? ¿Por qué?.....

1 comentario:

Zarco dijo...

tienes razón, si tengo una empresa, recordaré ese tip