Pues si… por más que creí haber rebasado por la derecha a la vida oficinista heme aquí sentada tras un escritorio en un enorme corporativo. Bueno, las cosas parecen haber mejorado para esta Godínez tras el teclado en la nueva oficina el horario es flexible, puedo venir en jeans y tenis y mi trabajo será más dinámico y creativo, ahora hasta uso Mac.
A una semana de haber empezado, todavía no estoy segura de mis palabras, pero espero que mis expectativas se cumplan. Me encuentro flotando en medio del rato muerto que hay entre la labor cumplida y el nuevo proyecto. Miro a la ventana y respiro…
El aire escasea, todo huele a testosterona y aceite para motor. No es casualidad, estoy en una editorial de hombres y para hombres: todo lo referente a coches, motos y deportes se concentra aquí. No me atrevo a aventurarme lejos de mi silla por miedo a que sea contagioso y termine yo admirando a cuanto mango petacón pasé a mi lado como cualquier otro mecánico.
Nota al pie:
El comedor institucional es una bendición y la muerte al mismo tiempo. Si a uno no le importa la grasa, la comida echa al aventon y un menú repetitivo es una gran opción para la comida barata. Para todos nosotros ingenuos que esperamos comida superior a los controles de la Secretería de Salubridad es una pequeña decepción.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario