Mi mente está en blanco frente a la página limpia. Una cuartilla nueva, reluciente, que sólo espera a que yo la llene con mis letras. La hoja me mira impaciente, no dice nada, sólo aguarda a que yo empiece a teclear. Pero no puedo. Me quedo mirándola fijamente, cómo si deseara que me hablara, me indicara como comenzar. Silencio.
En mi mente solamente se escucha el eco del vacío. Parece que las ideas se encuentran escondidas, atemorizadas de salir a la superficie. A un espacio presumiblemente peligroso dónde quedan expuestas a la crítica y donde nadie será capaz de defenderlas.
Mi corazón golpea fuertemente contra mi pecho, mi respiración se agita, el sudor frío recorre mi frente, sé que debo empezar a teclear. ¡Pero no puedo! Mis dedos descansan rígidos sobre el teclado, yacen inmóviles, pareciera que hubieran muerto en el intento.
Trato de distraerme con alguna página en Internet. Desafortunadamente, gran parte de ellas se encuentran bloqueadas por el servidor de la empresa. De todas formas mi mente sigue fija en la hoja blanca. No entiendo mucho de lo que leo, sigo pensando en aquél trabajo pendiente que no puedo comenzar. Una y otra vez mi mente regresa y busca un principio. Una frase inteligente y graciosa que sirva para comenzar. Una gran apertura pero nada se me ocurre. Nada.
Otra vez me enfrento a la hoja en blanco. Envuelta en un circulo vicioso que no tiene fin. Sólo ella y yo. Me siento lista para enfrentarla una vez más. Me armo de valor, respiro profundamente, trueno mis dedos frente al monitor como gesto desafiante y cuando voy a escribir… ¡nada!
Nada, nada, nada, nada, nada, lleno la página de nadas, pienso que tal vez, tener algún texto en ella me ayudará a engañarme, a no sentir la hoja blanca una vez más. Siento que se burla de mí, de mis tácticas.
Enfurezco, pero no hay nada más que pueda hacer. Ella sigue en blanco, esta triunfando. Quiero gritarle pero, ¿de qué serviría? Es sólo una hoja en blanco. Jajajaja. Sólo es eso una página más que tengo que escribir. Conozco el formato. Siempre ha sido el mismo formato. Sólo hay que cambiar unas cuantas palabras, pero eternamente permanece igual. Sólo eso necesito recordar. Abrir un documento viejo y rellenar lo necesario…
¡Ja! He evitado la confrontación, he ganado. Ya no esta en blanco, jajaja…. Gané, gané, gan….
Un grito desesperado desde la soledad de tu cubículo. La tardanza de 15 segundos en el checador. La hora inhabitada entre la entrada y el cafe. Otra visita a la oficina del licenciado... una batalla descarada contra la hora nalga.
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1 comentario:
quisiera poder contarte algo, pero son tantas cosas en la cabeza y ese miedo al blanco, al vacio, a tener que escribir.
t dejo, esto un post más, quizas solo queria dejar un respiro, despues de leer tu texto, con el cual me identifico. Solo que yo mejor no pinto el lienzo y salgo por la puerta. He perdido la pela.
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